jueves, 9 de noviembre de 2017

Novena A Nuestra Señora Del Carmen De Apicala

 Acto de contrición.


DÍA PRIMERO

Oración Para Todos Los Días

Soberana Reina de los Ángeles, purísima y siempre virgen María Madre de Dios, templo y sagrario de la Santísima Trinidad, gloria de los justos, amparo y consuelo de los afligidos, refugio de los pecadores, Madre Santísima del Carmen, abogada y protectora especial de los que visten vuestro santo Escapulario por la purísima limpieza de vuestro cuerpo, gracia y dones que adornan vuestra alma; por la vida que hicísteis para espejo de los justos; por vuestra excelsa dignidad de Madre de Dios; por la gloria que gozáis sobre todos los ángeles y bienaventurados os suplico (pues lo tenéis ofrecido a los que visten vuestro santo escapulario) me ayudéis con vuestra poderosa intercesión para que pueda resistir los asaltos del demonio, y libre de sus acechanzas, pueda alcanzar los bienes celestiales y eternos. Haced Madre Santísima del Carmen, que en esta vida logre santidad en el alma y pureza en el cuerpo; para que con cristiana simplicidad, sirva y ame a vuestro Hijo Jesús y observe con pureza sus divinos preceptos.

Consideración

Poderosísima y piadosísima Virgen del Carmen, María Madre de Dios: una y mil veces os alaba mi alma y venera con rendimientos humildes mi corazón por los singulares favores que aún antes de nacer al mundo  hicísteis a vuestro santo Monte Carmelo, envolviendo su cumbre en una nube blanquecina, que denotaba vuestra pureza virginal y concepción sin mancha, y enriqueciéndolo con tan benéfica lluvia del cielo que transformásteis el Carmelo en paraíso, habiendo sido este singular beneficio aliciente para que el santo profeta Elías instituyese esta santa religión y la dedicase a vuestro culto y veneración, por lo cual sus sucesores en tan santo instituto os han venerado por Madre y protectora suya. Vos como Madre de amor y caridad, humildemente os pido y suplico me alcancéis de vuestro Santísimo Hijo gracia para que disponga mi vida, de modo que en todo sea agradable a vuestros santísimos ojos.

Oración (para todos los días)

Oh, Madre santísima del Carmen, escogida desde la eternidad para Señora del cielo y de la tierra; oh, lucero de la mañana, adornado de luces de gloria y ennoblecido con perfecciones divinas; oh, Madre santísima, humildemente os suplico por la bondad de vuestro dulcísimo nombre y grandeza de vuestro poder, me alcancéis de vuestro Santísimo Hijo gracia para vencer mis pasiones, luz para saber despreciar las cosas temporales y terrenas y buscar las eternas y celestiales; haced, Señora y abogada nuestra, que por el mar sacratísimo de las virtudes navegue con prosperidad hasta llegar al puerto felicísimo de la eternidad. 

Estrofa I

Una tarde en que el sol derretia
todo su oro en la vasta llanura 
un artista ofreció la escultura
de tu imagen bendita crear.
Y al ignoto viajero la Aldea
aceptó la propuesta. Y un día
sin hallarse el artista, María,
pudo el pueblo tu faz contemplar.

Coro

Virgen Sagrada de Apicalá
tus hijos claman piedad, piedad.
Virgen Sagrada de Apicalá
tus hijos claman piedad, piedad.

Estrofa II

Y al mirarte en la plaza radiante, 
a la luz de un crepúsculo malva, 
tras de aplausos tonantes la salva
de rodillas el pueblo cayó.
Fue después un silencio solemne
y después los favores sin cuento
que engranaron portento a portento
y tu fama el confín dilató.

Coro

Estrofa III

Y elevó la devota capilla
entusiasta el feliz vecindario
y el romero llegó a tu santuario
desde el más apartado rincón.
Y este llano ardoroso tornóse
oficina y taller soberanos
de bondad y poder sobrehumanos
y esta raza doliente se irguió.

Coro

Estrofa IV

Tres incendios voraces tremendos, 
detuvieron su furia impotente
a tus pies y tus hijos tu frente
impoluta pudieron mirar.
Y una noche un ciclón la techumbre
de tu rústico templo pajizo
en añicos tornó de improviso
sin poder tu belleza tocar.

Coro

Estrofa V

Y prosigue tu imagen intacta
presidiendo las diarias faenas
y aliviando benigna las penas
de esta grey de cristiano vivir.
La subyuga la gracia, Señora,
de tu clara sonrisa divina
y tu hondo mirar que fascina
le convierte en dulzura el sufrir.

Coro

Estrofa VI

Que tus ojos de hoy más el paisaje
de esta tierra iluminen que es tuya
y pues siempre la Reina eres suya,
hazla santa, serena y feraz.
Que a tus pies se despliegue la alfombra
de sus llanos, colinas y montes
y te brinden por siempre horizontes
de piedad, de trabajo y de paz.

Coro

DÍA SEGUNDO

Se dirán las mismas oraciones, excepto la propia del día primero, y luego se rezará lo siguiente:

Soberana Señora y Madre de Dios, consuelo de los afligidos, refugio de los pecadores, flor purísima del Carmelo, al que vuestro maternal amor viviendo en esta vida mortal sacrificó con el fecundo riego de vuestra celestial doctrina como maestra de tantos venerables varones, herederos del valiente espíritu de Elías, diese al cielo muchísimos santos que os alaban. Por ese maternal amor con que favorecísteis y favorecéis a los hijos y descendientes de vuestro muy amado Carmelo, os suplico rendidamente aceptéis este humilde tributo que os ofrece este indigno esclavo vuestro y miembro de vuestra cofraternidad.
"Alaben vuestra gloria los ángeles; celebren vuestras piedades los hombres, veneren vuestro nombre todas las criaturas del cielo y de la tierra, y sea alabado y santificado por toda la redondez del orbe".

(Lo demás como el día primero)

DÍA TERCERO

Oh, amabilísima Señora, virgen y Madre santísima del Carmen una y mil veces os alaba mi corazón. Por aquel amor con que manifestáis viestra insigne piedad para con los hijos y hermanos del Carmelo; por la caridad ardiente con que como Madre amorosa los favorecéis en vida con vuestra dulce presencia, y dispuso vuestro amor que a la hora de vuestro tránsito felicísimo, fue de tanto júbilo y alegría para el cielo.

Os lo suplico con rendimiento, y en señal de perpetua súplica diré por todos los días de mi vida:

"Bendita sois entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Grande es el Señor y su mandato laudable: y Vos sois grande, gloriosa y sobresaltada y para siempre dignísima de ser de todos los fieles alabada y venerada".

DÍA CUARTO

¡Oh, virgen purísima y santísima Madre de Dios, vid fecunda y flor hermosa del Carmelo, esplendor de la gloria, y Madre siempre virgen, títulos que os tributan en agradecimiento de vuestras finezas, la Iglesia Católica y la religión carmelitiana! Vos, Madre santísima, no satisfecha del grande amor que en vida manifestásteis a vuestros devotos enseñándolos e instruyéndolos en la fe y la religión cristiana, tratándolos y comunicándoos con familiaridad maternal; y Vos desde el cielo, oh Madre gloriosísima, hicístes obrar insignes milagros para que fuesen conocidos y sostenidos por vuestros hermanos, y que la religión se llamase por excelencia vuestra, y como propia la habéis en todo patrocinado y defendido.

"Llénense mis labios de las alabanzas a María, para que siempre cante sus glorias".

DÍA QUINTO

¡Oh, piadosísima y siempre virgen María y Madre santísima de Dios! Espejo de pureza, trono y templo de la eterna sabiduría; rosa hermosa de Jericó y torre fuerte de David, puerta del cielo y lucero de la mañana, Madre abogada y protectora nuestra, Mujer fuerte y celebrada del divino Espíritu, Madre amabilísima del Carmen, a quien vuestros hijos y cofrades esperamos que allá en los telares de la gloria labréis la tela del santo escapulario bordado con gracia y privilegio, vestido que nos defiende, ya del calor de nuestras pasiones, ya del frío de nuestras tibiezas; vestido con que en esta vida nos podemos defender del demonio y en la otra apagar los ardores del fuego del purgatorio; vestido celestial y milagroso.

"Bendita sois Madre del Señor omnipontente, entre todas mujeres de la tierra porque hoy se ha engrandecido y ensalzado vuestro nombre que en ningún tiempo se aparten de la boca de los hombres vuestras alabanzas".

DÍA SEXTO

Oh, María santísima y Madre de Dios, gozo de los justos y alegría de los ángeles; hermosura y Madre del Carmelo, y especialísima protectora de los que visten vuestro santo escapulario, a quienes vuestro maternal amor ofreció, no sólo protegerlos, favorecerlos en esta vida de miserias y valle de lágrimas con vuestra poderosa intercesión desde el cielo, sino también asistirlos con especiales auxilios de gracia al salir de esta vida temporal  para la eterna, para que libres de la culpa, lleguen a gozar en compañía de los ángeles y bienaventurados de la dulce y amable presencia de Jesús;  por este favor y gracias os sup0lico, Señora santísima y Madre mía, me ayudéis para que en esta vida camine en agrado vuestro y de Jesús mi Redentor, con las bendiciones de la graica perfeccionando mi alma en todas las virtudes, y en la hora de mi muerte me alcancéis gracia para un verdadero dolor, hacer penitencia de mis culpas y vencer todos mis enemigos a fin de que acabando en gracia, os alabe, ame y sirva en el Carmelo de la gloria.

DÍA SÉPTIMO

¡Oh, Virgen purísima y Señora nuestra! ¡Oh Reina de los ángeles y de los hombres! ¡Emperatriz santísima del cielo y de la tierra! Una y mil veces os alabo y reverente celebro vuestra benignidad y clemencia. Entre tantos favores y gracias que aun antes de nacer, logró vuestro Carmelo, está la de veneraros y bendeciros, después de tu concepción purísima, como figuraba en aquella nubecilla luminosa que vio el santo profeta Elías; y al nacer al mundo como ave misteriosa que trajo del cielo el remedio nuestro, quisísteis santísima Madre, vivir en compañía de vuestros carmelitas, teniendo vuestra morada en la cima de vuestro amado Carmelo. Por esta maternal benignidad, humildemente os suplico, Madre amabilísima del Carmen, me alcancéis de vuestro Hijo santísimo gracia para que allí haga asiento y ponga mi habitación en donde a mi Dios y Señor agrade; allí tengo mi puesto donde con seguridad logre cuestras intercesiones; allí tenga mi mansión en donde vuestra vida sea mi escuela y regla para saber vivir con perfección; y allí more en donde siempre os alabe.

DÍA OCTAVO

¡Oh munificentísima Reina y Señora, princesa de las gracias y amabilísima Madre del Carmelo! Quién pudiera Señora y Madre purísima, daros gracias por tan singulares favores como habéis hecho y estáis haciendo a los que están alistados en vuestra cofraternidad santa, y visten el hábito que vuestro maternal amor trajo del cielo. ¡Qué milagros no habéis obrado para librarnos de los peligros y riesgos del alma y del cuerpo en que miserablemente hubieran perecido, al no estar de por medio vuestra intercesión poderosa! En estavida, ¡oh Madre santísima! en vuestro santo escapulario nos dais medicina para las enfermedades del cuerpo, sirviendo de segura salud a los enfermos, de libertad a los cautivos, de penitencia a los pecadores, de firmeza a los fieles, de consuelo a los moribundos. Vos sois, ¡oh Madre santísima!, indulgencia en la vida, remisión en la muerte, rescate en el purgatorio para entrar en el Carmelo de la gloria a gozar de aquel océano de felicidades. Por tan singulares gracias y beneficios, alcanzadme, Señora, gracias para que viva y guarde vuestro escapulario como tesoro del cielo para que así logre vuestro patrocinio en la tierra, y en el cielo vuestra gracia y que aquí no cese de rendiros perpetuas alabanzas.

DÍA NOVENO

En este día es conveniente confesarse y comulgar.

¡Oh, santísima Reina y Madre amabilísima del Carmen! Ya Señora y Madre mía ha llegado el último día de este novenario que, en agradecimiento de tantos favores y beneficios como de vuestra prodiga y piadosa mano recibimos, os ofrece y consagra mi corazón. o conozco, Madre santísima, cuan inconstante soy en mis propósitos; mas vos, Señora, que sois sol que alumbra sisn cesar, no me negueis vuestras luces, para que el calor de vuestro perfecto amor me encuenda, alumbre y sea luz para no dejar de amaros y serviros.

Por tantas gracias, favores y beneficios hechos a los que visten vuestro santo escapulario, os ofrezco, Madre santísima del Carmen, este novenario y devociones en testimonio de perpetua gratitud y como agradecimiento por todos ellos. Os ofrezco vuestros méritos, gracias y excelencias con que su Divina Majestad tuvo a bien honraros. Suplícoos, Madre santísima, os dignéis seguir dispensándome vuestra gracia y maternal protección, para que enmiende mi vida y mejore en mis costumbres. Baje, Señora, del trono de vuestras piedades, sobre todos los que visten vuestro santo escapulario y sobre todo para la Iglesia militante, vuestra santísima bendición. El santo temor de Dios y el amor vuestro para inglamar nuestros corazones y llenarlos de vuestra gracia. Nada Señora y Madre santísima podemos por nosotros, y experimentaremos el remedio de nuestras necesidades, así del alma como del cuerpo, ofrecemos todos no cesar de tributaros alabanzas, bendiciendo siempre vuestro santísimo nombre.

"Per singulos dies benedicam tibi, et laudabo nomeb tuum in saeculum saeculi".

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