domingo, 12 de noviembre de 2017

Novena Al Sacratisimo Corazon De Jesus

Sagrado Corazon De Jesus

Acto De Contrición (Para Todos Los Días)

Omnipotente Señor y Redentor amable de nuestras almas, Jesús benignísimo, por mi amor sacrificado, humildemente postrado ante vuestro acatamiento divino y pegado mi rostro contra la tierra, lleno de temor y de ignorancia, confieso que aún siendo como soy, polvo y ceniza, os he ofendido gravísimamente, debiendo haberos amado como lo deseo ahora; pues de Vos que sois mi Dios, he recibido el ser y todo cuanto tengo. Duélome de mi ingratitud y descuido y espero con tu gracia enmendarme como lo protesta mi corazón que implora tu clemencia.

Oración Para Todos Los Días

Oh Corazón amabilísimo de Jesús, cuyas finezas para con los hombres se ven tan mal correspondidas en ese adorable Sacramento del Altar, en el cual las mostráis con tanto exceso a pesar de experimentar allí mismo nuestra más vil ingratitud. Penetrad, Señor, nuestro corazón con un tan vivo dolor de nuestra insensibilidad a tanto amor, que nos mueva a recompensarlo en adelante sirviendoos muy de veras, agradeciéndoos lo mucho que nos amáis y sintiendo las injurias, desprecios y olvidos que sufrís de la mayor parte de la mayor parte de los hombres en esas aras donde os adoro, os amo y os bendigo con todo el afecto de mi alma. Amén.

PRIMER DÍA

¡Oh Corazón de mi amado Jesús!, que en aquella triste noche de tantas penas, en vista de la más enorme ingratitud de los que injustamente os aborrecían y tramaban daros la más terrible y afrentosa muerte en una cruz, instituíste este augisto Sacramento del Altar, para manifestar en él vuestro más tierno y fino amor para los mismos que tanto lo despreciaban. Qué sentimientos serán los vuestros ¡oh amable Corazón de mi Salvador!, viendo aún después de esa amorosa demostración, la correspondencia de los que os la debían tener finísima; ¿y qué halláis, Señor, en torno de tanto amor? Halláis en la mayor parte de los hombres, infidelidades, sacrilegios, injurias y ultrajes; o al menos tibieza, frialdad, indiferencia, olvio y nada que apenas pueda llamarse amor. ¿Esto halláis y esto sufrís? ¡Oh ingratitud humana! Esto deseo recompensaros; dadme para ello vuestra gracia.

Tres Padrenuestros, Avemarías y Gloria.

Oración

, que a impulso de las Omnipotente Dios y Señor mío, que formásteis por el Espíritu Santo en el seno de María un Corazón santo e Inmaculado a Jesús, vuestro Hijo, y quisiste que naciera para vuestro consuelo; arrancad de nuestro seno este corazón inmundo y poned en su lugar un corazón todo nuevo, a fin de sirviéndoos en la tierra con un corazón todo puro, merezcamos gozar eternamente de la hermosura de vuestro rostro. Por el mismo Jesucristo. Nuestro Señor. Amén.

SEGUNDO DÍA

¡Oh Corazón de mi amado Jesús! inmenso fue el incendio de vuestra caridad, pues en vista de que aún entre los vuestros habia un traidor que os entregaría para la muerte, y uno de los favorecidos que os había de negar luego, y todos habían muy en breve de huír, dejándoos en manos de vuestros crueles enemigos, ardísteis en tantas llamas del más tierno y regalado amor para con los hombres, que os disteis sin embargo todo, en este augusto Sacramento, a los mismos que así os debían de corresponder.

Esta gratitud hallásteis ya entonces, y esta es la que os muestra ahora, la rebeldía del corazón humano. Haced, Señor, que el mío y el de todos, en adelante, os sirvan con la mayor fidelidad. Concededme esta gracia para mayor gloria vuestra y bien de mi alma. Amén.

Tres Padrenuestros, Avemarías y Gloria.

Oración

Adorable Jesús, que viviendo sobre la tierra habéis conversado con los hombres con una humildad y una dulzura de corazón capaces de encarnar todos los corazones: os suplicamos que hagáis nacer en nosotros estas dos queridas virtudes, que tan fuertemente abraza vuestro corazón, a fin de que a ejemplo vuestro, conversando entre nuestros hermanos con humildad y mansedumbre, hallemos el descanso de los humildes de corazón. Amén.

 TERCER DÍA

¡Oh Corazón de mi amado Jesús!, que a impilso de las ternuras de vuestro amor, al partir de este mundo hacia vuestro Padre, os quedásteis con los hombres en ese augusto Sacramento para permanecer con ellos todos los días, horas y momentos, hasta el fin de los tiempos. Bien se conoce, Salvador mío, que tenéis todas vuestras delicias en estar siempre con nosotros; ¡pero qué sentimiento será el vuestro al veros tan olvidado de los hombres! Cuán solo os quedáis muchas horas y días en los altares, sin haber quién os visite, quién se acuerde de vuestras finezas, ni quién guste de tratar con Vos! Y si algunas veces comparecemos en vuestra presencia, cuán tibios, cuán distraídos lo practicamos! Imprimid, Padre mío, en nosotros la memoria de vuestras finezas, y haced que todo nuestro gusto sea vivir siempre con Vos y serviros cada día con más fidelidad. Otorgadnos esta gracias para mayor gloria vuestra y bien de nuestras almas. Amén.

Tres Padrenuestros, Avemarías y Gloria.

Oración

Adorable Salvador mío, que tan entrañablemente amais la soledad; haced que nazca en nuestros corazones el amor al retiro, a fin de que sep¡!arados del tumulto del mundo podamos oír vuestra dulce voz en el silencio de las criaturas y responder fielmente con la lengua del corazón y con el lenguaje de vuestro amor. Amén.

CUARTO DÍA

¡Oh Corazón de mi amado Jesús!, vuestro amor, más que de Padre, os obligó al cariñoso exceso de dejarnos en esa Sagrada Mesa el divino convite de vuestro Cuerpo y Sangre bajo los accidentes del pan y del vino, para regalarnos y sustentarnos espiritualmente en nuestras almas mientras  estamos en el destierro de este mundo, lejos de nuestra patria celestial.

¿Quién creyera, amable Salvador mío, que nos amásteis con tan excesiva finesa, sino lo enseña la fe? Mas, ¿quién no se pasmará de la horrenda maldad de los que sacrílegamente os reciben? ¿Quién no orará la tibieza, la frialdad, la indiferencia y la poca disposición con que nos llegamos a Vos? ¡Oh pasmo de insensibilidad del corazón humano! Aquí tenéis, Señor, el mío aunque tan vil, deseoso de sacrificarse del todo en desagravio de tan enorme ingratitud; hacedme la gracia de aceptarlo, para mayor gloria vuestra y bien de mi alma. Amén.

Tres Padrenuestros, Avemarías y Gloria.

Oración

¡Oh adorable Salvador, cuyo Corazón sagrado, lleno de dolor y de amargura,ha gemido tantas veces sobre los placeres criminales de los hombres! Nosotros os pedimos por los méritos infinitos de vuestra Santísima Pasión, que nuestros corazones, siguiendo el movimiento del vuestro, desprecien las caricias del mundo y de la carne por sufrir con Vos y merecer la participación en nuestra gloria. Amén.

QUINTO DÍA

 ¡Oh Corazón de mi amado Jesús! Antes de ser sacrificado por mí en el ara de la cruz, dispusísteis impelido por vuestro amor, serlo por mí y por todos los hombres, tantas veces y por todos los días en todo el mundo, cuántas son las misas que en él se celebran, ofreciéndoos Vos mismo en ellas, millones de veces como víctima la más agradable a vuestro Padre, por mis pecados, en acción de gracias por lo que de su mano recibimos; pidiendo para nosotros de continuo, otras nuevas; a ese exceso llegaron vuestras fuerzas para provocar las nuestras, enseñándonos que siquiera una vez nos santifiquemos del todo a Vos.

Pero, ¿qué halláis en retorno? Irreverencias, desacatos, inmodestias y agravios en la mayor parte de los hombres; eso halláis, amable Salvador mío, y esto sufrís todos los días.

¿Y no moveréis siquiera a algunos, a que lo sientan con Vos y os recompensen con su fidelidad y ardiente amor tantas injurias? Aquí me tenéis tal cual soy, como víctima agraciada de todos vuestros desagravios; aceptadla, Señor, haciéndome esa gracia, para gloria vuestra y bien de mi alma. Amén.

Tres Padrenuestros, Avemarías y Gloria.

Oración

Soberano Redentor de los hombres, cuyo amantísimo Corazón fue elevado sobre el altar de la Cruz, y abrazado con el fuego de  la caridad has querido expiar por nosotros; os pedimos que inglaméis nuestros corazones con el fuego de la misma caridad, a fin de que ellos sean dichosos no aspirando sino a Vos durante la vida y en Vos sólo merezcan esperar en la muerte. Amén.

SEXTO DÍA

¡Oh Corazón de mi dulce Jesús! Para obligar a los hombres a que os amen y os den enteramente la pequeñez de su corazón, no sólo les dáis Vos en ese augusto Sagramento el vuestro, sino, todo cuanto sois: vuestra divinidad y en fin a Vos mismo, fuente de todos los bienes y de todas las gracias, sólo a fin de ganarles su amor, y de que os sirvan reconocidos a tan excesivas fuerzas. Pero ¡ay!, amabilísimo Salvador mío, cuán poco lográis. Con las dádivas se pueden vencer las mayores dificultades; pero la dureza de los corazones humanos no se ablanda con las vuestras, siendo tantas y tan sobremanera preciosas.

Encended, Señor, con ese asombroso incendio que arde en vuestro Corazón, todos los nuestros, imeliéndolos eficazmente a que sientan vuestros agravios y los recompensen dándose y entregándose del todo a Vos. Concedédmelo a mí, como el más necesitado, para mayor gloria vuestra y bien de mi alma. Amén.

Tres Padrenuestros, Avemarías y Gloria.

Oración

Glorioso Redentor, que sois la gloria y centro de todos los corazones; ya que nos habéis dicho por vuestra propia boca que cuando fuérais exaltado atraerías hacia Vos todas las cosas, os pedimos, que purificados nuestros corazones con el fuego de vuestro divino amor, se transformen en Vos y puedas descansar eternamente en el cielo, donde vives y reinas con Dios Padre en unidad con el Espíritu Santo, por todos los siglos. Amén.

SÉPTIMO DÍA

¡Oh Corazón tierno de Jesús! Vos os abrazáis siempre en las llamas de un amor tan fino para con los hombres, que para unirnos y hacernos una misma cosa, como lo sois con vuestro eterno Padre, tratásteis esa maravilla de vuestras finezas, quedándoos entre ellos en ese admirable Sacramento como manjar, para que estando en su interior os uniéseis en amoros vínculo con el suyo, haciendo que fuesen enteramente unos efectos con la más rendida subordinación de los suyos a los vuestros.

Mas en cuán poco lo conseguís, sufriendo de la mayor parte de los hombres un ingrato olvido. No permitáis, Señor, tanta insensibilidad en el corazón humano; quitadla del mío, amabilísimo Jesús, haciéndolo muy uno con el vuestro; concededme esa gracia para mayor gloria vuestra y bien de mi alma. Amén.

Tres Padrenuestros, Avemarías y Gloria.

Oración

Amorosísimo Jesús que siendo tan inefable el amor de vuestro Corazón para con nosotros, nos habéis dejado bajo los velos de ese augusto Sacramento vuestro Cuerpo y vuestra Sangre en prenda de la gloria donde nos esperáis; concedednos por el mismo Corazón tanta gracia, que con ella veneremos aquí sus misterior y despues os bendigamos eternamente en el cielo. Amén.

OCTAVO DÍA

¡Oh Corazón de mi amado Jesús! El amor que os hizo sufrir por los hombres tantas veces enclavado en una Cruz, os tiene en ese augusto Sacramento expuesto a las insolencias, injurias y sacrílegas profanaciones de los herejes, y que os han tratado en diferentes tiempos y lugares con tanto atrevimiento, rabia y furor, que no se puede oír sin asombro y horror lo que ejecutaron con Vos en ese mismo misterio de vuestro amor. A todo te expusiste por no privaros de nuestra compañía y de quedaros con nosotros; esto, os cuesta el habernos amado con tanto exceso. ¿Y no lo sentiremos ¡oh amabilísimo Salvador nuestro!, no trataremos de recompensaros con nuestros servicios y humillaciones y con ardiente amor tantas injurias?

Sí, amado Corazón de mi dulce Jesús, lo siento, y quisiera recompensárola aunque fuese con mi sangre y con mi vida; dadme para ello vuestra gracia, y sea todo para mayor gloria vuestra y bien de mi alma. Amén.

Tres Padrenuestros, Avemarías y Gloria.

Oración

Divino Salvador de mi alma, que por favor especial, os dignásteis descubrir a vuestra Iglesia las inefables riquezas de vuestro Corazón; dignaos también concedernos vuestra gracia para aprovecharnos de ella y compensar con humildes obsequios las injurias que os hemos causado. Amén.

NOVENO DÍA

¡Oh Corazón de mi amado Jesús! Cuán digno sois siempre de la mayor veneración y muy especialmente en el augusto trono de ese adorable Sacramento, en donde realmente está entre glorias vuestra Divina Majestad, para recibir obsequios y agradecimientos de los hombres con el fin de llenarlos al mismo tiempo de vuestros dones, uniéndonos íntimamente con los que tiernamente amáis. Justo fuera, amabilísimo Salvador mío, que todos, con el más profundo rendimiento, os adoraran y sirvieran agradecidos a vuestras fuerzas, a los menos deseosos de sus propios intereses.

Mas, ¡ay!, lo que comúnmente halláis en la mayor parte de los hombre, son injurias a vuestro amor, y deseo recompensarlas con mis rendimientos, humillaciones y obsequios, con más rendida fidelidad. Concededme esta gracia y la que os he pedido en esta novena, para mayor gloria vuestra y bien de mi alma. Amén.

Tres Padrenuestros, Avemarías y Gloria.

GOZOS

Escuela de Perfección
de corazones modelo: 

¡Oh Divino Corazón,
dad a los nuestros consuelo!

Al mundo manifestado
en torno de vivas llamas,
bien muestras cuánto nos amas
en caridad abrazado:
tan ardiente exaltación 
ha de inflamar nuestro hielo:

¡Oh Divino Corazón,
dad a los nuestros consuelo!

De la lanza la obertura
nos muestra franca la puerta, 
que para todos abierta
nuestro refugio asegura;
no hay más dulce habitación,
ni en la tierra ni en el cielo:

¡Oh Divino Corazón,
dad a los nuestros consuelo!

Con la corona ceñido,
de espinas, nos significas
que pues amante te explicas,
te lastima nuestro olvido; 
nuestra vil desatención,
causa en Ti tal desconsuelo:

¡Oh Divino Corazón,
dad a los nuestros consuelo!

Fijo en la Cruz ha mostrado
amoroso y complacido,
pues apenas concebido,
fue tu amor crucificado;
de acabar la Redención
os angustiaba el desvelo:

¡Oh Divino Corazón,
dad a los nuestros consuelo!

Mostrándote transparente,
como espejo cristalino,
descubre el amor divino,
su más interior patente;
de su fina dilección
se ve el misterio sin velo:

¡Oh Divino Corazón,
dad a los nuestros consuelo!

Vienes después de la octava
de Corpus, has señalado
como el día consagrado
que tu cariño anhelaba;
unirse en la comunión
con nosotros es tu anhelo:

¡Oh Divino Corazón,
dad a los nuestros consuelo!

Acudiendo a tal Sagrario
ha ofrecido al Padre Eterno
oír con amor paterno
los ruegos del novenario;
por Ti sube la oración
a lo más alto, de un vuelo:

¡Oh Divino Corazón,
dad a los nuestros consuelo!

Que de nosotros reinarías
dijiste principalmente
cumples ya amorosamente
tan propicias profesías; 
tu copiosa bendición
hará feliz nuestro suelo:

¡Oh Divino Corazón,
dad a los nuestros consuelo!

Pides agradecimiento
a tu amor, y en recompensa
de la ingrata y vil ofensa
ese reconocimiento;
de Ti a la meditación
ha de ser nuestro desvelo:

¡Oh Divino Corazón,
dad a los nuestros consuelo!

Centro de nuestra aflicción
dulce imán de nuestro anhelo:
¡Oh Divino Corazón,
dad a los nuestros consuelo!

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